Universidad Loyola de Acapulco

Loyola
Universidad Loyola del Pacífico

Acapulco, Guerrero, 23 de Febrero del 2012

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Caminar hacia lo desconocido… con desconocidos: ¿Qué es un mochilazo?

Por Antonio Acosta

(Alumno de Ingeniería Industrial; 6to semestre)

A bordo del autobús de México a Chiapas, estuve pensando sobre qué lugares conocería y sobre el tipo de personas con las cuales estaría viviendo por esos 8 días que duraría el mochilazo, creo que esa ocasión fue algo de pensar tanto y tanto, que pase casi 10 de las 13 horas que duró el viaje,  sin dormir y,  bueno,  esa experiencia del trayecto de ida es otra historia.

Al llegar al punto de reunión que fue en la parroquia de Bachajón Chiapas, fue algo padre por que tenía la curiosidad de saber qué tipo de compañeros serían los que me acompañarían en esta aventura: pensar si compartiríamos ideas o si serían todo lo opuesto a mí.

El primer impacto que me llevé fue ver a tres chavos de cabello largo, con un perfil algo hippie y, pues como que si llegué a pensar que cómo fui a caer a ese lugar, hasta que conocí a otros chavos que estudiaban la misma carrera u otras ingenierías, pero esos eran estudiantes de ingeniería y no filósofos, psicólogos o carreras afines.

El primer día fue algo difícil, debido a que si resentí mucho, no tanto por dejar a mi familia, ya que he salido fuera otras veces, sino más bien por que dejé a mi novia con quien llevaba 2 meses de haber iniciado: eso fue un sentimiento que anteriormente no había tenido y que es difícil tratar de adaptarte a una actividad pensando en una persona en especial, pero el ambiente es lo que te hace despejar tu mente y centrarte más en la actividad y eso fue lo que logré hacer.

Me llegué a quejar un poco de la primera cena que me tocó ya estando con los otros compañeros mochileros y eso que aún no iniciábamos la caminata, y eso fue porque me tocó un taco, creo que de tripa y no fue de mi agrado; pero por no dejarlo en el plato me lo comí. Si me lo hubieran ofrecido en el sexto día no dudaría en comerlo y hasta pediría mas. Describiría día por día los acontecimientos más importantes que ocurrieron, pero estoy seguro que si lo hago, el numero de hojas sería demasiado, así que sintetizo.

Salirte de tu zona de confort llamada casa, dejar a tus abogados personales llamados padres y tomar una decisión de caminar hacia lo desconocido y con desconocidos, solamente lo hacen personas curiosas por conocer un mundo diferente al que la mayoría de las personas pinta,  y aquellos que lo conocen pues tienden a tener memoria a corto plazo por que al poco tiempo olvidan que estuvieron ahí o que llegaron a escuchar sobre ese lugar.

Conocer a estas personas te abre una visión diferente, te das cuenta de que te quejas por cosas insignificantes, que exiges en tu casa un plato con carne y pasta, cuando muchas personas solo están a puro frijol, con tortilla y té o café, lo digo por experiencia ya que afortunadamente me tocó estar por un par de días solamente con ese alimento, pero he de decirles que ni el pollo se compara al sabor de unos frijoles hervidos después de haber caminado por casi 3 horas con una mochila llena de ropa y un sleeping…

Al  parecer, después de un trabajo pesado, se valoran los alimentos.

Algo que aún me sorprende mucho es la bondad que tienen esas personas (Tzeltal), que aunque era a veces algo complicado el poder comunicarnos con ellos, debido a que hablan otra lengua, siempre estuvieron en la mejor disposición para brindarnos todo aquello que estuviera en sus manos, ya fuera desde un vaso con agua o té, hasta un plato de comida. Además de ser personas muy unidas en las actividades: ver a los hombres ayudar en la cocina, ayudar a moler el maíz para las tortillas, picar chiles: la ayuda del varón hacia algunas actividades que la mayoría cataloga como actividades femeninas.

Un momento que nunca olvidaré y que sí me llegó a marcar, ocurrió en un baile que nos organizó la comunidad, en donde estaba lloviendo y el frío era algo fuerte (bueno al menos para mí que vengo de costa  y sí lo llegue a sentir mucho), recuerdo que estaba bailando con los niños y ya me quería meter para descansar y dormir, ya eran casi las 12, y en eso, una niña me tomó de la mano y estaba bailando, la verdad a primera vista solo le ví la cabeza y pensé en soltarla y ya meterme a la capilla, que era donde dormíamos, pero en eso se me ocurre bajar un poco más la vista y observo que la niña estaba con una blusita y una falda y… para el frío que hacía… y luego le vi los pies y observé que no tenia sandalias y como había llovido el suelo estaba húmedo y había lodo. Y ella tenía frio pero no le importaba y quería seguir bailando… de entrada me quedé parado y sí se me hizo un gran nudo en la garganta. Después la niña volteó a verme y me sonrió.

Muchos compañeros de mochilazo comentaban en cada reflexión que llevábamos al finalizar el día, que sentían a Dios en tal lugar, en tal persona y la verdad llegue a creer que hasta estaban locos, porque ellos lo veían o lo sentían y yo no, pero me bastó casi al final del mochilazo, recordar de nuevo la imagen de la niña bailando, para darme cuenta de que Dios no se te aparecerá físicamente y te hablará, de que no bajará de una nube o te dejará un escrito, sino que  está presente en todas las obras que realizó y que de nada sirve ver todo con los mismos ojos y verlo como algo normal o común, si no cambias a ver todo con ojos nuevos y admirar todas las maravillas que hay a nuestro alrededor…

Y entonces sí… aprender a ver aquello que siempre ha estado presente y que nosotros mismos lo hemos ocultado.

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